• Fundación Arteficial

En la frontera de la pintura y el teatro



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CONTRA LA FORMA (ENSAYOS)

1. CRISIS DE LA FORMA

La forma no es el único indicio y criterio de la individualidad.

En un pasado secular ya muerto, un sistema rígido de relaciones, obligaciones, presiones,

sumisiones, jerarquías,

aplicaba en el arte, de manera mecánica, ciertas convenciones

formales obligatorias, generales, como formas-corsé, rígidas,

que aprisionaban el organismo humano vivo.

La obra viva se rodeó de un cordón de convenciones

de estilos

de fantasmas históricos.

Se crearon locales-panteón especiales: museos

para las piedras funerarias así preparadas.

Finalmente se escribió una historia bien ordenada, bien catalogada.

.

Supongo que la forma era

un biombo

detrás del cual los artistas se escondían de su época

y de su intolerancia,

y por medio del cual, por otra parte, esa época se aseguraba

contra un fenómeno inexplicable que existía más allá de las normas, y que es la creación.

Ya no sospecho, sino que estoy seguro, de que hoy la forma, al mismo tiempo que su propia función aisladora ha perdido su razón de ser.

2. OBSERVACIONES GENERALES

El arte es una manifestación de la vida. Lo más precioso es la vida, algo que se vuela, que pasa. La vida es una carrera. Lo que queda detrás, por más que se transforme en mitos, molesta la carrera. Sólo lo que acompaña a la vida, esa carrera del instante, lo que pasa, sólo eso es precioso.

Para mí no se trata en absoluto de demostrar mi interior y su topografía. Los cuidados atentos en este campo terminan generalmente en el manierismo y la coquetería. Considero que es ridículo poner ojos tiernos a la propia forma y crear la propia silueta. Son modales “pomposos” dirigidos a la posteridad.

Lo que para mí es importante es mi interés por la realidad que cambia y evoluciona, que se define sin cesar en el pensamiento, se refuerza en la imaginación y se realiza, en lo que al arte concierne, en la decisión y la elección.

Considero a la vida y la creación como un viaje en el tiempo físico e interior, en el cual la esperanza se da sin cesar por encuentros inesperados, pruebas, vagabundeos, regresos, búsquedas del buen camino.

Y la esperanza no es un motor cualquiera. Sería una pedantería fatal para la creación persuadirse y persuadir a los demás de que uno se dirige según una línea consecuente, conocida. ¡La línea es una huella!

El pasado se transforma fácilmente en una sobrecarga. Hay que cerrar implacablemente sus etapas sucesivas, y dejar sólo lo que en una situación nueva se transforma también, lo que modifica su actualidad de modo inesperado.

Y sólo esa interpretación del pasado es admisible en la evolución creadora. Hoy somos testigos de una “crisis de la forma”, es decir, de ese valor que exige que la obra de arte el resultado supremo de las actividades del artista, tales como: formación, construcción, trabajo de la forma, aplicación de una impronta.

Desde hace algunas décadas, las diversas etapas del desarrollo del arte han cuestionado sucesivamente la convención del carácter estático de la obra de arte, su sistema escolástico y lleno de aprioris, su carácter cerrado e inmutable, su univocidad.

Esta crisis de la forma y de su función aisladora ha provocado y facilitado la intrusión, en la obra de arte, de la realidad.

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3. EVOLUCIÓN

La evolución del artista, tan importante para que pueda conservar su vitalidad, no es un perfeccionamiento de la forma. El perfeccionamiento, tan apreciado y adorado por la opinión convencional, se transforma con el tiempo en una aparienciade creación y un medio de lograr aprobación, aceptación,

y para el artista mismo,

es un refugio,

un paz perezosa

pero también el prestigio.

La evolución es una adaptación constante del artista a su época, hasta el fin de sus fuerzas intelectuales (¡ay!).

Si yo mismo, o cualquier otro, al ver las cosas desde afuera, no comprende la evolución de mi creación, porque no ve en ella homogeneidad, puedo alimentar la esperanza de que ese desarrollo esté vivo, ya que una de las propiedades de la vida es la de aportar sorpresas continuamente y tener un curso imprevisible.

Mi evolución es otra y diferente de la de los demás. No podría comprenderlo más que por analogía con otras evoluciones acabadas que conozco. Sin embargo, sería falso y estúpido (con todo, es precisamente de este modo como actúan muchos censores ingenuos).

El nudo de la cuestión está en que cada cual tiene una homogeneidad diferente, que no aparece hasta que todos los hechos –o su mayoría- se han cumplido.

Entonces pueden fijarse las intenciones y la dirección. Entonces, lo que estaba vivo, lo que era una aventura y una sorpresa, pierde el encanto y la fuerza de lo imprevisto y adquiere la importancia de las causas y los efectos. Evidentemente es peor si esas prácticas dudosas tienen lugar durante el proceso de creación.

Personalmente, mi propia evolución se me aparece como un viaje en el tiempo físico e interior

en el cual la esperanza está dada

por encuentros inesperados,

pruebas de que no hubiera podido imaginar antes,

por la espera de algo sorpresivo,

por vagabundeos, regresos, búsquedas del buen camino.

Y la esperanza es sin duda el principal actor.

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4. OBJETO E IMAGEN

Parecía que la relación entre la realidad, o si se prefiere, el objeto, y el marco limitado de la imagen había sido fijado de una vez por todas, y era inmutable. Los papeles y las competencias habían sido repartidos con autoridad. El objeto era un modelo, el maro era el campo de acción que se esforzaba por reproducir el objeto, repetirlo y disponerlo dentro de un esquema total realmente obligatorio.

Con el objeto mismo, en diferentes momentos, se realizaron diferentes maniobras.

Se lo fijó en un espacio óptico de perspectiva, en dependencia del punto estático del ojo, rígido y definitivamente mantenido. Ese aparato imponente y por mucho tiempo fascinante término por transformarse en una prisión que no tenía nada que ver con la vida. L