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Un oficio en la sombra

Actualizado: mar 19



¿Cómo sería una obra teatral sin manejo de luces, sonido o escenografía? Estos elementos narran quizá, más que los actores. Desde la mirada de un espectador desprevenido, se olvida lo que está detrás. Vidas reales que aportan a la ilusión.

“El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible”

(Oscar Wilde)

Algunos asistentes, incómodos porque la obra no empezaba, murmuraban. El director gritaba: ¿dónde putas está?. Los actores ya vestidos y maquillados especulaban posibles soluciones: seguir esperando, iniciar sin técnico o cancelar la obra. El público ingresó y él nunca apareció. No sonó la música de circo al inicio. Tampoco se vieron las luces de colores por todo el escenario, resaltando los trajes contrastantes de los clown, en la primera escena. La obra se percibía aburrida y a los actores incómodos. Las luces plenas retrataban más un ensayo que una presentación. Para la segunda escena entró él sigiloso por detrás del público, con el sudor del afán y la vergüenza. Mientras el grupo se debatía entre el reclamo y el agradecimiento. Tan pronto llegó a su cabina, organizó las luces para dar magia a la obra. La tranquilidad inundó el escenario. El público lo sintió. (Centro de Bogotá. Sala de teatro. Año 2016)

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Así como para la imaginación no hay límites, en la realidad del trabajo técnico no hay nada imposible. La mayor parte de ellos, realizan este oficio de manera empírica e incluso por casualidades de la vida. Un ejemplo es Edwin Sánchez, que lleva veinte años en el Teatro La libélula Dorada, ubicado en la localidad de Teusaquillo, y llegó allí prestando servicios de vigilancia. Nunca pisó una universidad o institución para estudiar su oficio.

-“Yo soy un campesino y mis papás me enseñaron mucho sobre el respeto. Muchos que habían trabajado antes que yo en esto, no duraban, así hubieran pasado por alguna universidad. No duraban porque eran irresponsables o abusaban de los equipos y las cosas del teatro”- comenta Edwin con mirada reflexiva, sentado frente a una consola de audio y otros aparatos, dentro de la cabina: su lugar de trabajo.

En Bogotá resisten cerca de cincuenta salas de teatro. Algunas “Underground”. De bajo presupuesto. Otras son Salas Concertadas que tienen algo de recurso estatal, y por último están las salas de mayor presupuesto como el Teatro Jorge Eliecer Gaitán o el Teatro Julio Mario Santodomingo. Pero tienen algo en común. Uno de los infaltables cargos en estos recintos son los técnicos. Los que siempre están detrás del público, pero siempre frente al espectáculo. No obtienen premios, entrevistas, ni reconocimientos, pero trabajan como obreros en la construcción de la fantasía teatral, de la misma forma que trabaja el director, el actor o el músico. Como dice Edwin Sánchez, “-los que deben verse son ellos, mi labor es aquí atrás.”

No existen carreras profesionales con pensum enfocado a ser técnico de teatro, y la mayoría de personas que quieren vivir de las artes escénicas no buscan ser técnicos. En lo “Underground” los mismos actores realizan ese oficio, aunque no muy a gusto. En las Salas Concertadas generalmente hay una persona encargada de todo: escenografía, sonido, luces, y que en caso de recibir sueldo, varía entre ochocientos mil y dos millones de pesos mensual, aunque la informalidad es lo más común en la mayoría de estos espacios. No pueden tener una agenda definida. Resultan viajes, funciones fuera de la sala o programaciones extras. Como consecuencia les cuesta generar otros ingresos o realizar otras actividades. En contraste a esto El Teatro Colón tiene dentro de su planta a 32 personas tras las bambalinas. Con sueldos que oscilan entre los tres y cinco millones de pesos mensuales. Jornadas de 8 horas diarias aproximadamente.

Según Andrés Rodríguez, director, actor y técnico desde hace 15 años de Changua Teatro, sala ubicada en plena Av. 19 con 4ta, el rendimiento técnico corresponde al cincuenta por ciento de importancia en una obra de teatro. –“Un técnico que hace algo mal durante la función, va a desconcentrar a los actores, y un actor desconcentrado le resta a la obra. Además, deben tener cualidades artísticas para lograr emociones con la luz y el sonido. Ser muy precisos”-. Se debe sumar también las cualidades humanas como la responsabilidad y la paciencia, que son virtudes adquiridas con la experiencia. Según Rodríguez, se deben crear estrategias para profesionalizar este oficio tanto en Bogotá como en otras partes del país, y dar el reconocimiento merecido dentro de las artes escénicas en general.

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Se había preparado todo durante horas. El escenario era grande y con equipos muy profesionales. Las luces puestas en su sitio. Los micrófonos. El sonido. Las telas. La escenografía estaba instalada. La sala a reventar. Hasta que uno de los micrófonos inalámbricos estalló. La consola de audio digital se descontroló. Los actores claramente notaron lo que pasaba, pero detener el espectáculo no es una alternativa; por lo tanto, quedan a merced de la improvisación del técnico para que el barco no se hunda al iniciar su marcha.

Finalmente se apaga la consola, se reinicia a pesar de los sonidos incómodos que produce y la demora en estabilizarse. Pero no se podía hacer más. El trabajo de todo un día se fue a la basura. Sólo queda organizar sobre la marcha y sacar adelante el espectáculo.

-“Hay cosas que pasan que son para olvidar. Cosas que uno no quiere que se repitan”- comenta Edwin al narrar este incidente en Costa Rica con la obra de títeres: “La peor señora del mundo”

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Hacer teatro a la colombiana

Álvaro Rodríguez, uno de los actores más recurrentes en el cine y la televisión en Colombia, llegó al Teatro La Candelaria por la década de los setenta -“haciendo luces” como él mismo afirma- para la obra “Guadalupe años cincuenta”: -“Nos tocaba subirnos bien alto y yo con este miedo a las alturas. Este es un oficio en el que no se trata simplemente de iluminar sino de trabajar la dramaturgia de la luz”-

Actualmente dirige el grupo Teatro Estudio Alcaraván con más de diez años de trayectoria. David Bojacá es uno de los actores del grupo y es la persona que más atiende la parte técnica de la sala, pero ha sufrido momentos de crisis en cuanto a desarrollar más ésa parte que la artística. Según él, el actor goza de más “estatus” que el técnico.

Para Álvaro Rodríguez, con las circunstancias económicas colombianas en cuanto a cultura se refiere, toca “a lo que haya”. Toca ser toderos. Además se necesita una persona que sea sensible a la historia que se quiere contar, y es muy valioso que la parte técnica sea realizada por una persona que además actúe. Afirma.

Lorena Lamouroux es una joven actriz y directora. A sus 33 años, conduce el colectivo Elixir Teatro desde el 2008. Para ella el técnico es un actor más dentro de la obra, y que además debe estar en la capacidad de respirar al tiempo que los actores. –me parece muy acertado que se señale ese trabajo dentro de las artes escénicas porque es un oficio muy desvalorado y vital para cualquier montaje”-

Lorena se endeudó para presentar la obra: “Polifemo y Galatea” en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro en España en 2013. Ese día hubo algunas tensiones en el grupo. En la función el técnico quiso recordarle su importancia. Cuando empezó la obra se escondió en el baño. Un actor lo encontró sentado desafiante. -“Que se esperen”- respondió mientras la obra iba ya en la mitad de la primera escena. – “cuando salió lo miré con mucha rabia, pero ese día entendí lo crucial del técnico en una obra. Posterior a eso no trabajamos más durante mucho tiempo, pero años después me lo encontré y nos abrazamos”-

Raúl Gómez tiene 38 años y fue un inmigrante colombiano que trabajó como técnico en España, del 2004 al 2009.

Yo trabajaba en una sala alternativa llamada: Teatro El Alfil ubicada en Madrid. “El templo de la comedia” le decían. Se presentaba sólo arte gestual. Empecé trabajando en teatros de barrio al tiempo que estudiaba iluminación para cine. Llegué a eso porque a un amigo lo llamaron para hacer musicales en la Gran Vía. El me dejó todos los teatros de barrio. Yo estaba de ilegal. Así me entró dinero y pude mantenerme bien. Luego pasé la hoja de vida y me llamaron para mantenimiento y parte técnica en El Alfil. En una de las dos jornadas pintaba, arreglaba, limpiaba, y en la otra trabajaba con las obras. Tres funciones al día bajo presión, cambiando constante y rápidamente de escenografía. Allá el apoyo es más grande por parte del espectador. Hay más público. No se depende de los apoyos estatales. Los teatros son inmensos y hay varios técnicos para cada cosa. Podemos vivir muy bien y alternar otras actividades. Aquí estoy desempleado.

  • ¿Cómo compararía ejercer ese oficio en España y aquí en Colombia?

  • No. No se puede comparar. Es otra realidad

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De las siete convocatorias que existen para Arte Dramático por parte de la Secretaría de Cultura de Bogotá, ninguna contempla reconocimientos ni becas para técnicos. Como tampoco las seis convocatorias del Ministerio de Cultura para Teatro y Circo a nivel nacional. Algunos proyectos se han gestado por iniciativas de algunas entidades privadas. Ofrecen cursos de iluminación y técnica teatral, pero no son concurridos, porque además de ser escasos, son costosos: por los equipos que se requieren. El SENA ofrece programas cercanos a este oficio.

Según Patricia Rivas de la Gerencia de Arte dramático de IDARTES, no se han realizado ni se están planeando estrategias que puedan contribuir a la visibilización del trabajo técnico. Ni procesos de formación, ni reconocimientos económicos por trayectoria, como tampoco proyectos encaminados a generar más oportunidades laborales. La explicación es que la Gerencia sólo apoya procesos e iniciativas de los grupos o de obras terminadas; por lo tanto, esta gestión depende exclusivamente de la iniciativa personal e individual de cada técnico, ya que no existe ninguna agremiación, consejo o sindicato dentro del sector, que luche por sus derechos o proponga mejores oportunidades para este oficio.

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En un pasillo invadido por las estructuras de una escenografía. Mientras salían y entraban hombres y mujeres con chalecos negros. Radios de comunicación. Está Guillermo Restrepo, productor del festival Iberoamericano de Teatro desde 1988 al 2012. Actual productor del Teatro Colón en Bogotá. Hablando sobre lo que piensa del trabajo de los técnicos en la ciudad.

-“Son igual de importantes al artista… memorizan las salidas y las entradas de los actores.” Restrepo recuerda el incidente en el año 1988, cuando explotó un artefacto dentro del baño en el Teatro Nacional de la 71, durante una función del festival. –“Ese día los técnicos fueron los encargados de evacuar a las personas. Terminan haciendo de todo. Fueron muy importantes. Y son los que hacen posible que todo funcione”-

Finalmente nadie los observa, ni les comentan sobre su trabajo, pero están allí tras las bambalinas, moviendo tramoyas, enfocando luces, probando sonido, corriendo telas, anunciando la hora de ingreso mientras reciben las boletas, o cualquier otra labor que se necesite. Así que, de aquí en adelante, cuando vaya a una obra de teatro, no sólo aplauda a los actores y al director. Pregunte quién fue el encargado de la parte técnica, acérquese y felicítelo.


#MiguelZapataDíaz #técnicos #teatro