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Carta de una mujer que hace teatro


Por: Karol Tatiana Cardona

Partamos de algunas cosas: ser mujer, dedicarse al arte y pensar que se puede vivir de él en un país como Colombia, no es fácil. No es fácil ser mujer en un país que todavía es machista en muchos aspectos –por no decir que casi todos- y cualquier profesión en este contexto siempre será un desafío. Pero más difícil es ser artista en Colombia y pensar que se puede vivir de lo que se ama. ¿las razones? Muchas y diversas. 

En Colombia ser artista (y de teatro) es un acto de terquedad pues con la consabida historia de Colombia, el arte puede parecer un bien suntuario, algo que no pertenece a nuestra canasta de necesidades básicas y por lo tanto, la inversión en un quehacer como el nuestro es limitada. Para nuestra suerte, o quizás no tanto, últimamente han " re-descubierto" que el arte es una herramienta pedagógica, que exorciza dolores, cura para el olvido, movilización ideológica y un sin fin de usos, que no alcanzan a darle el status de Derecho.

Así las cosas, ser mujer de teatro es estar en permanente defensa de lo que haces como una profesión, tan digna, respetable y desafiante como cualquier otra. Argumentar de la mejor manera que así como una secretaria no regresa a su casa a escribir cartas, una arquitecta no lleva planos a una fiesta familiar, la administradora de empresas no administra su cama, una actriz no actúa en su vida personal. Constantemente me enfrento a comentarios que, de una manera u otra, dejan ver la percepción que hay de la mujer que hace teatro y una especie de machismo sutil. ¿Eres actriz? Entonces debes mentir muy bien... "Que peligro tener una pareja actriz: nunca sabes cuando esta actuando y cuando te esta diciendo la verdad"..."debes saber fingir muy bien" Nunca una frase como esta me la ha hecho una mujer y tampoco he recibido la mirada maliciosa que me lanzan los hombres, al escuchar la palabra actriz, la cual relacionan con actriz-porno, o de "moral distraída" pues si soy actriz quizás "me le mido a todo". 


Hay un prejuicio soterrado de que la "teatrera" hace lo que sea y de manera exagerada, que por esta condición debe ser la "payasa" de la fiesta, la que consigue favores con sus "súper poderes" y/o atributos físicos, la que ayuda a "montar la escena" para hacer creíble cualquier situación donde se precise lo que sabemos hacer, lo que hemos entrenado, aprendido, estudiado, con tiempo y dedicación. Porque debemos sumar las preguntas muchas veces sin mala intención acerca de si para hacer teatro se estudia, si es una carrera formal, y por último si recibimos un pago.

La mayoría piensa que la actriz de televisión si es conocida gana mucho dinero, pero la actriz de teatro no, así que acompañado de este pensamiento viene la eterna recomendación: ¿Por qué no te dedicas a la televisión donde si ganas más dinero? Quiero decir que si bien tener una vida digna como actriz de teatro es el objetivo más grande que puedo tener, hay muchos valores y alegrías que no están asociadas a un salario y que diariamente obtengo en esta profesión.


Hago teatro desde niña. Esto me ha permitido mirar el mundo desde otro lente, puesto que el teatro se ocupa del drama humano y esto me ha conferido sensibilidad ante lo que pasa a mi alrededor y la necesidad de hablar de lo que nos duele. Es el arte que por excelencia habla de las injusticias y la opresión; y ser artista en Colombia supone una enorme responsabilidad social, dado nuestro devenir histórico. En su último párrafo de los Funerales de la Mama Grande, García Márquez nos insta a contar lo que nos sucede, antes de que se vuelva letra muerta de libros:

Sólo faltaba entonces que alguien recostara un taburete en la puerta para contar esta historia, lección y escarmiento de las generaciones futuras, y que ninguno de los incrédulos del mundo se quedara sin conocer la noticia de la Mamá Grande, que mañana miércoles vendrán los barrenderos y barrerán la basura de sus funerales, por todos los siglos de los siglos. (García Marquez, Los Funerales de la Mama Grande, 1962)

Y en su ensayo "Donde está la Franja Amarilla", William Ospina delega esta responsabilidad a los artistas cuando dice: "Yo sueño un país donde tantos talentosos artistas, músicos y danzantes, actores y poetas, pintores y contadores de historias, dejen de ser figuras pintorescas y marginales, y se conviertan en voceros orgullosos de una nación, en los creadores de sus tradiciones." Para la mayoría de actores y actrices de teatro en Colombia esta es nuestra gran tarea: hacer un teatro contra el olvido. Y para una mujer de teatro, es una gran responsabilidad hacer teatro contra el olvido, de lo que nos sucede como mujeres en un país como este.


Esa es una de las alegrías que no tienen costo: poder hablar de lo que nos pasa, poder traducir el dolor, la injusticia, la opresión en imagen poética, en palabra poderosa, en cuerpo expresivo. Poder mostrar lo que pienso a miles de espectadores. En mis casi 20 años de teatro he llegado a tantas personas con lo que hago: mujeres, hombres, niñas y niños. Y esto me ha traído un sinnúmero de alegrías que nunca se igualarán con un salario astronómico. 

Muchas personas a las que les he compartido mi quehacer, a las que les he enseñado o animado a hacer teatro, niños y niñas que se han reído con mis títeres y mis cuentos, espectadores en muchos lugares de Colombia y otros países que han vibrado con mi actuación. Público que se me ha acercado con lágrimas en los ojos conmovidos por la obra que acabo de presentar, niños que ahora son adultos diciéndome que no me olvidan y que me agradecen que yo haya sido la portadora del teatro en su vida, niños que se me acercan a preguntarme cuando vuelvo o a decirme que se rieron mucho con migo. Soy feliz, puedo afirmarlo sin dudarlo: porque trabajo en lo que me gusta, porque mi profesión es un constante aprendizaje, porque tengo una enorme responsabilidad como artista, y porque ser mujer de teatro es una conquista diaria. 

No es fácil ser mujer de teatro en Colombia, pero ¿qué profesión lo es? La alegría y la tarea incansable de ser la voz de muchas mujeres, de dignificar el oficio, de contribuir por la construcción de un mejor mundo, de compartir lo que hago, de poetizar los conflictos humanos, de alegrar el presente de los niños, es mi mejor pago, la más grande motivación y el mayor desafío: continuar haciendo el teatro que amo como una mujer viva, poderosa, luchadora con la enorme capacidad de transformar.



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